Destacando a nuestros exalumnos: Raven H.

“El consejo más importante (y posiblemente el más difícil) que puedo darte es que la música no tiene que ser perfecta. Tú no tienes que ser perfecto. Eres un ser humano, y eso es lo primero que importa”.

Raven se graduó de la escuela secundaria en 2019 y ahora estudia en North Park University, donde continúa sus estudios de música. Aunque su instrumento predilecto es la viola, sus influencias musicales son muy amplias, ¡y también tiene un par de recomendaciones para ti! En esta entrega de nuestra serie Destacando a nuestros exalumnos, Raven echa un vistazo al pasado y comparte su trayectoria musical:

Mirando hacia atrás, ¿qué tipo de música escuchabas cuando recién comenzaste en People’s? ¿Qué tipo de música realmente te marcó cuando eras niño?

Escuchar teatro musical definitivamente inspiró mis géneros de música favoritos, tanto del pasado como de hoy. Mis hermanos me mostraron musicales como The Sound of Music, Wicked y Fiddler on The Roof cuando era muy joven, y las canciones de esas obras forman parte de mis primeros recuerdos. La música de esas producciones ayudaba a contar las historias que se desarrollaban en el escenario, algo que realmente me encantaba. También diría que la música de teatro musical es una combinación hermosa de géneros clásicos y contemporáneos, y no tiene por qué encasillarse estrictamente en uno o en el otro.

¿Cómo fueron cambiando tus gustos musicales a medida que crecías (o se mantuvieron iguales)?

Diría que mis gustos musicales cambian constantemente, pero siempre termino regresando a lo que me gustaba escuchar de más joven. Cuando era más chico, siempre escuchaba cosas diferentes según mi estado de ánimo. Al entrar a la secundaria, escuchaba mucho Twenty-One Pilots y Panic! At the Disco. En este momento, me fascina el lo-fi. En general, diría que mis géneros favoritos son el alternativo, el indie, el teatro musical y el lo-fi. En cuanto a la música clásica, escucho muchas piezas del período romántico y música de cámara.

¿Qué estás escuchando ahora? ¿Hay algo que recomendarías?

Definitivamente tengo que recomendar algunas piezas para viola. Todo el mundo debería escuchar la Sonata para viola de Rebecca Clarke. Otra de sus piezas que me encanta es Morpheus para viola y piano. También he estado escuchando musicales una y otra vez, especialmente estos tres: Next to Normal, Fun Home y Hamilton.

¿De qué manera la música se convirtió en parte de tu vida?

Me sentía muy perdido cuando comencé la escuela secundaria, y una de las pocas cosas que me devolvía la felicidad y me daba un sentido de propósito era tocar la viola. Me brindó un espacio seguro para expresarme y conectarme con mis emociones. Tocar en una orquesta, tomar clases o simplemente hacer música por diversión con amigos abrió mi mente a experiencias que no sabía que eran posibles. Pude conocer a personas con las que jamás me habría cruzado si no hubiéramos tocado juntos en un ensamble musical. En medio de mis batallas de salud mental, tener la música en mi vida me motivó a seguir adelante y no rendirme. Me recordó que tenía un futuro cuando yo no podía ver ninguno. La música cambió mi vida para siempre y continúa abriéndome muchísimas puertas.

También tuve la bendición de contar con profesores de música increíbles en la secundaria, en TPMS y en ChiMOP. ¡Estoy estudiando música en la universidad porque ellos fueron una verdadera inspiración para mí! Algún día quiero ser maestro de música o incluso fundar mi propia escuela de música. Realmente quiero servir a los demás y compartir las oportunidades que la música me brindó. Deseo que otros puedan experimentar el mismo apoyo que la música me dio cuando más lo necesitaba.

#PassItOn: Un consejo, una historia o una canción: cualquier cosa que te gustaría compartir con la clase actual de jóvenes músicos.

El consejo más importante (y posiblemente el más difícil) que puedo darles es que la música no tiene que ser perfecta. Tú no tienes que ser perfecto. Eres un ser humano, y eso es lo primero que importa. Lograr una interpretación impecable, dar con todas las notas correctas y tocar las piezas más difíciles posibles puede ser algo increíble, pero absolutamente nada de eso importa si implica sacrificar tu felicidad o si hace que termines odiando la experiencia de hacer música.

He estado luchando contra esta sensación de que todo lo que estudio y practico nunca va a ser suficiente, o de que no tengo el talento o la calidad que se requiere. Sé que muchísimos de mis compañeros también batallan con este sentimiento. Tengo el hábito de fijarme metas musicales sumamente altas, y eso hace que sea perfeccionista y muy crítico conmigo mismo. Estudiar música en la universidad me hace sentir como si prácticamente viviera, respirara y comiera música. Una escuela de música es un entorno fantástico para la inspiración creativa, pero en lo personal, también saca a relucir algunos rasgos perjudiciales que sé que no me hacen bien. Es una mentalidad muy difícil de cambiar, pero estoy trabajando en ello.

¿Hay algo más que te gustaría compartir?

Solo una cita de El principito:

“Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”. – Antoine de Saint-Exupéry

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